'CASO KÁRATE' -secta sexual- (Islas Canarias)

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ENTREVISTA: EL SUMARIO DEL 'CASO KÁRATE'

"Tuve relaciones con menores porque era una forma de vida"

La primera esposa del ex campeón de artes marciales Fernando Torres Baena confesó al juez los abusos y el funcionamiento de la secta sexual

MÓNICA CEBERIO BELAZA- Las Palmas - 18/03/2010

EL PAIS

 

Edith V. P. ha reconocido que mantuvo relaciones con menores de edad durante cuatro años. Lo explica así: "Era una forma de vida a la que me había entrenado Fernando". Fernando es Fernando Torres Baena, principal imputado en el que podría ser uno de los mayores casos de pederastia en España. Edith, ex esposa de Fernando y también imputada, detalla en su declaración ante el Juzgado de Instrucción número 7 de Las Palmas de Gran Canaria el inicio de esta truculenta historia de secta sexual dirigida por el prestigioso karateca, profesor y ex campeón de España, Torres Baena. En el sumario, al que ha tenido acceso EL PAÍS, relata su propia corrupción.

Le conoció en una escuela de kárate y danza cuando tenía sólo 14 años. A los 16 se casó con él. "Estaba superenamorada. Lo admiraba. Era como un Dios", explica la mujer, de 45 años, al juez. "Él me decía que no era suficiente, que necesitaba más, una persona del otro sexo, porque yo no era suficiente". Cuando nació su primera hija, Torres Baena preguntó a Edith si podía ir a su casa una persona de su mismo sexo, para que él "lograra su felicidad". Quiso que ella también mantuviera relaciones con otras personas. "La primera vez que accedí fue muy frustrante y le pedí a Fernando que no me obligara. (...) Durante un tiempo me dejó tranquila, pero al poco tiempo volvió a empezar".

Edith y Fernando tuvieron un segundo hijo, pero, según la declaración de la mujer, él no quería esa clase de familia. "Quería una elegida por él, que todos colaboraran en todo y mantener de esa forma relaciones". En esa época empezaron a llegar a la casa dos chicos -uno de ellos también imputado ahora- y dos chicas. Después fueron llegando más, alumnos de la escuela. Menores de edad de unos 13 o 14 años. Edith mantuvo relaciones con algunos varones. Fernando, con chicos y con chicas.

Era "la familia de Playa de Vargas", lugar en el que el matrimonio tenía una casa de Fernando_Torres_Baena.jpg

veraneo a la que se llevaban a los alumnos elegidos. "Todo el mundo colaboraba en la casa. (...) Entendía que los demás iban porque querían. Tenía la sensación de que la única jodida era yo y que ellos estaban locos por tener relaciones sexuales con Fernando". "Lo que pasaba cuando alguien iba a tener una relación era que se cerraba una habitación y se sabía que allí había alguien con alguien".

La ex esposa de Torres Baena asegura que sabía que tenía que compartir con esas personas (menores) "todo, tanto el trabajo como las relaciones". "Yo cumplía el trámite y seguía con lo mío". Asegura que no habló de este tema con nadie en ese entonces porque "todo el mundo pensaba que era bueno".

Cuando su hija mayor cumplió los once años, ella se alejó del grupo y vio cómo, sin embargo, sus hijos se acercaban. "Hablé con Fernando y le dije que dejara de intentar ese tipo de familia", señala. Su hija mayor empezó a tener relaciones sexuales con un alumno de kárate cuando tenía 15 años, según su relato, pero niega haber sabido que sus hijos participaran en la secta sexual. Los testimonios de algunos menores, sin embargo, indican lo contrario. Los hijos también lo han negado.

En 1988 Edith comenzó a estudiar Derecho en la universidad. Ante las preguntas del fiscal sobre si no se daba cuenta de que estaba cometiendo un delito teniendo relaciones con menores, la imputada dice que "nunca pensó si eran mayores o menores" pero que se sentía mal "por participar en una forma de vida que no quería". Al ver crecer a mis hijos me fui percatando de lo que pasaba. A él lo define como un hombre "inteligente y manipulador" que quería tener influencia sobre todo el mundo, mayores y menores".

Edith y Torres Baena se separaron en 1994. Él le dijo que su forma de vida "no era compatible" con las aspiraciones laborales de ella, según su declaración, y, además, que había conocido a María José, la "mujer perfecta" (su actual pareja; también imputada y en prisión preventiva).

Hay otros tres imputados por abusos y corrupción de menores: el hermano de María José y dos monitores. El viernes pasado se levantó el secreto de sumario. La juez ha pedido un informe psiquiátrico de todos los imputados, que serán examinados por dos médicos forenses para determinar si padecen algún tipo de anomalía o alteración psíquica. El relato de Edith quizá no la comprometa penalmente porque sus delitos de abusos sexuales a menores (o la mayor parte) podrían haber prescrito por el paso del tiempo.

EL SUMARIO DEL 'CASO KÁRATE' - EL ORIGEN DEL PROCESO

"Les comen la cabeza a los niños y abusan de ellos, es una secta"

Una adolescente denunció al karateca en enero para proteger a otro menor

MÓNICA CEBERIO BELAZA- Las Palmas - 19/03/2010

EL PAIS

Lo que llevaba ocurriendo desde hacía más de 20 años en la escuela de kárate de Fernando Torres Baena en Las Palmas de Gran Canaria salió a la luz el pasado mes de enero, cuando una adolescente decidió contárselo a un profesor del colegio en el que estudiaba y, después, a la policía. Habló para proteger a otro menor, el hermano pequeño de una compañera suya al que los agresores iban a llevar a la casa de Playa de Vargas, lugar en el que se consumaban la mayor parte de los abusos.

Éste es su relato -que aparece en el sumario del proceso- sobre el lado oscuro de la escuela de kárate más prestigiosa de Gran Canaria , cuna de campeones europeos y mundiales y dirigida por un prestigioso ex campeón de España y presidente de la Federación insular.

La chica se apuntó a kárate a los 13 años. En un principio, todo parecía normal. Dos de las imputadas, María José (pareja de Fernando Torres Baena, de 31 años) e Ivonne (de 29), le daban clase. Un día le propusieron ir a pasar el fin de semana a la casa de Torres Baena, de 53 años, en Playa de Vargas (municipio de Agüimes), "para entablar más confianza con los alumnos de kárate y para entrenar", según declaró ella después ante la policía. Sin imaginar nada raro, aceptó.

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Cuando llegó a la casa se encontró con cuatro adultos: los imputados Fernando, María José, Ivonne y José (hermano de María José, que daba clases particulares de apoyo). También había 11 chicos de 15 a 17 años y un niño de 11 o 12. Fernando le dijo a la recién llegada que era normal que hubiera en la casa relaciones sexuales de chicos con chicos y chicas con chicas, y que "daba igual la edad". La chica vio un ambiente "raro" en la casa. Los menores no entrenaron esos días, sino que se dedicaban a limpiar. La primera noche, sobre las 10, empezó a notar que los monitores cuchicheaban entre ellos y que de repente empezaban a faltar parejas en el salón. Los adultos subían al piso de arriba con alguien más y estaban arriba una hora, más o menos.

Ella se quedó con otros compañeros en el piso de abajo. Cuando llegó la hora de dormir, una de las adultas le anunció que pasaría la noche con ella, en su habitación. Se metieron en la cama y la mujer empezó a acariciarla. La menor protestó. Al día siguiente, Fernando le preguntó "muy serio" sobre lo que había pasado la noche anterior. Le dijo que si no tenía relaciones sería una "tirada" y nunca lograría ser campeona de kárate. La segunda noche sucedió algo parecido. Siguió resistiéndose a las demandas de la mujer.

A la mañana siguiente, "todos los monitores la miraban mal", recuerda. "Fernando la riñó mucho", según consta en la declaración, y le dijo que Ivonne y María José habían llegado a ser campeonas de España porque de jóvenes habían mantenido relaciones sexuales. La chica asegura que "tenía mucho miedo de Fernando" y, por ese mismo temor, acabó pidiendo perdón y volviendo varias veces a Playa de Vargas.

La denunciante ha sido la primera en hablar de una "secta sexual" en la prestigiosa escuela de kárate. Les insistían para que sus familias no supieran nada porque no lo iban a "entender". El mensaje reiterado era que nada de lo que allí pasaba era malo. "Les comen la cabeza a los niños y abusan de ellos", dijo esta chica al profesor a quien confesó todo por primera vez. Otro alumno corroboró este testimonio de la denunciante ante la policía. A partir de estas declaraciones, después de dos décadas de silencio, la maquinaria policial y judicial empezó a funcionar. Aparecieron más de 50 víctimas de todas las edades con relatos similares.

 

El fiscal pide 303 años de cárcel para el principal acusado en el 'caso Kárate'

Fernando Torres Baena, su novia y dos monitores están acusados de abusar sexualmente de más de 60 menores que asistían a las clases de artes marciales que impartían

EFE - Las Palmas - 22/11/2011

La Fiscalía ha solicitado hoy a la Audiencia de Las Palmas de Gran Canaria que condene al principal acusado en el llamado caso Kárate, Fernando Torres Baena, a 303 años de prisión como autor de 36 delitos de abuso sexual, 13 de corrupción de menores y uno de tenencia ilícita de armas.

En esta causa se investiga los abusos sexuales que supuestamente cometieron de forma sistemática el maestro karateca, Torres Baena, su novia María José González Peña y los monitores Ivonne González Herrera y Juan Luis B.C. sobre más de 60 menores que asistían a sus clases de artes marciales en los gimnasios que regentaban.

En un escrito hecho público hoy, el Ministerio Fiscal solicita para González Peña 154 años de cárcel por delitos de abusos sexuales y corrupción de menores, 146 años para González Herrera por los mismos cargos y 18 años para Juan Luis B.C. por abusos sexuales

 

 

Así funcionaba la secta sexual del karateca

Fernando Torres Baena corrompió a alumnos en su escuela de kárate, en Gran Canaria, pero no a todos: los buscaba menores (de nueve a 13 años) y físicamente agraciados. Apoyado por sus mujeres, formaba 'familias' que se regían por el lema de "aquí, todos con todos y yo con todos"

 

MÓNICA CEBERIO BELAZA 21/03/2010

EL PAIS

En la escuela de kárate de Fernando Torres Baena no se corrompía a todos los alumnos. Sólo a los elegidos. El director los seleccionaba en función de su belleza y aptitudes físicas . Los preferidos pasaban a formar parte de su "familia", que él controlaba de forma autoritaria dirigiendo cada uno de los actos de sus miembros. A lo largo de más de 30 años de trayectoria profesional creó varias. Eran familias perecederas. Cuando los alumnos crecían, salvo que pasaran a formar parte de la cadena de mando, eran reemplazados por chicos más jóvenes. La maquinaria de manipulación volvía entonces a empezar. Los testigos y víctimas que han declarado en el proceso judicial del caso del kárate coinciden en su versión de lo que ocurría dentro de esta secta sexual y deportiva en Gran Canaria. Muchos de ellos ni se conocen entre sí porque pertenecieron a diferentes grupos. A algunos les separan 25 años de diferencia. Sólo una persona ha estado en todos ellos: el propio Torres Baena, de 53 años, autoerigido como pater familias absoluto, el líder.

Los que no eran elegidos como miembros de la familia veían una escuela de kárate normal. Lo único visible para todos era que alumnos y monitores se mostraban muy cariñosos entre sí y que el saludo habitual era un beso en la boca. Pero sólo los preferidos llegaban a conocer el trasunto oscuro del gimnasio. "Sólo se interesaba por los que eran físicamente agraciados tanto de cara como de cuerpo, especialmente entre los nueve y los 13 años, que es cuando comienzan a competir", asegura uno de los denunciantes. Dejaba de lado a los menos agraciados, aunque si tenían cualidades podían participar en los campeonatos.

El karateca invitaba a sus niños a su casa de la playa de Vargas, en Agüimes . Iban allí en vacaciones y los fines de semana con la excusa de hacer entrenamientos intensivos. Pero no sólo se entrenaba. Los chicos limpiaban la casa por dentro, arreglaban el jardín, iban a la playa juntos..., como si efectivamente fueran una gran familia que trabajaba unida en todas las labores del hogar. Era parte del entrenamiento, como el sexo, que pedía a los alumnos porque la familia "tenía que conocerse en todos sus aspectos" y porque de esta forma se potenciaba "todo lo que conlleva la vida deportiva y el kárate". Lo que había de fondo, según él les explicaba, era "amor". Y disciplina. Él lo controlaba todo: hacía cuadrantes ordenando quién debía acostarse con quién cada noche. La regla general, según un menor, era ésta: "Aquí todos con todos y yo con todos". El que se abstenía, era reprendido.

No se ejercía violencia física sobre los menores, según desvela un sumario judicial en el que aparecen declaraciones de 55 presuntas víctimas. Los niños iban asimilando poco a poco el estilo de vida que a Torres Baena le gustaba; les convencía de que el sexo era algo "normal". Las relaciones con los niños no eran "forzadas de forma explícita", según explicó al juez de Las Palmas que lleva el caso una mujer que ahora está en la treintena y que a los 13, recién llegada a la escuela, recibió la buena noticia de que "formaría parte de la pequeña familia de elegidos". Dice que no puede explicar muy bien cómo funcionaba el mecanismo de control, pero que "había una manipulación por parte de Fernando" en la que todos caían.

Otra mujer de esa época, de esa familia ya antigua, explicó al juez cómo Torres Baena iba introduciendo a los chicos en su filosofía vital. Les decía que la relación de pareja que tenían sus padres no era "lo que se llevaba", que era de "desfasados" y que "no podían estar cerrados porque les iba a apartar de muchas cosas". Alababa sus habilidades deportivas y les hacía promesas sobre su futuro en el kárate. "Le gustan sobre todo los niños más pequeños, entre los nueve y los 13 años", relata uno de los denunciantes. "Es cuando empiezan a competir y puede engatusarlos"

Los preferidos recibían un "seguimiento especial", y el profesor les ponía ejemplos de deportistas que habían triunfado gracias a que le habían hecho caso en todo. Por el contrario, los que no obedecían fracasaban. Con niños en edades muy influenciables y con ganas de triunfar, solía funcionar. Si se negaban a hacer algo, aparecía el chantaje emocional: les convencía de que eran ingratos con quien les estaba dando todo y que le "destrozaban" con su actitud rebelde.

A una chica le dijo que la vida que llevaban en la playa de Vargas era "totalmente diferente a la exterior", que eran todos "una familia" y que debían luchar "por lo que allí se podía conseguir". "Fernando tiene poder de persuasión y capacidad de controlarte psicológicamente, y desde que nota que empiezas a dudar y a flaquear comienza a hablar y finalmente a convencerte para que vayas a su redil de nuevo", declaró esta joven ante el juez y la policía. "No sabía cómo salir de todo esto".

Ésa era la parte más suave de la manipulación. Había otra más agresiva. Torres Baena tenía poder. En los últimos tiempos era el presidente de la Federación Gran Canaria de Kárate y director de I+D de la federación española. Los alumnos sabían, y así lo dejaba claro él, que si se ponían en su contra no iban a ser admitidos en ningún gimnasio y no podrían hacer nada en ese mundo. Un alumno le atribuye esta frase: "Si quieres marcharte, márchate, pero ya puedes ir olvidándote del kárate".

Una de las chicas que ha declarado, de casi 30 años, acabó aterrorizada por Fernando. Empezó a tener una relación con alguien ajeno al grupo y tuvo verdaderos problemas porque "eso no se podía consentir". Una de las formas de lograr el control era precisamente aislar a los menores; alejarlos de sus familias reales y de sus amigos de forma que, en un momento dado, todo lo que eran se lo debían a Fernando y al grupo de la playa de Vargas.

"Cualquiera que quisiera salirse de lo establecido por él tenía bronca asegurada", declaró la mujer. A ella le amenazó con echarla del club; le dijo que le haría la vida imposible, que él se encargaría de que no volviese a competir jamás. La karateca rebelde se envalentonó y le dijo que le contaría todo a la policía. Él, según su relato, respondió que "llevaba haciendo el mismo tipo de vida desde hacía 35 años" y que siempre "había hecho lo que había querido".

Las broncas, al parecer, eran todo lo largas que fuera necesario para doblegar la voluntad de los menores. Podían durar hasta tres o cuatro horas. "Sabe cómo hacer daño cuando no le obedecen", asegura una joven. "Es manipulador y no tiene escrúpulos", afirma otra. "Se interesaba por la vida personal de los chicos como si tratara de averiguar el punto flaco de cada uno", corrobora un alumno.

La historia de sus familias ficticias viene de tiempo atrás. Se casó con su primera mujer, Edith, cuando ella tenía apenas 16 años. Él tenía 24. Un año antes, en 1979, se había proclamado campeón de España de kárate en la modalidad kumité. En 1981 fundó su escuela e inició a su mujer en la práctica del sexo con otras parejas, hombres y mujeres. Mientras tanto tuvieron una primera hija.

Torres Baena formó en esa época una primera familia con alumnos de su escuela, de 13 y 14 años, a los que llevaba a la playa de Vargas. Edith, separada desde el año 1994 de Fernando, ha reconocido ante el juez los abusos durante esa primera época, en los que ella también participó porque sucedían "dentro de una forma de vida a la que le había entrenado Fernando". Su marido le explicaba que no podía ser feliz "sin montar la familia que quería", afirma la mujer. Uno de los menores que visitaban la playa de Vargas se hizo novio de su hija mayor.

Edith dice que está segura de que Fernando no ha tenido relaciones con sus propios hijos (tres), ni los ha involucrado en sesiones de sexo en grupo, lo que contradice las declaraciones de muchos denunciantes. Los tres hijos de la pareja también lo han negado.

Uno de los chicos que empezó a aparecer por la playa de Vargas fue Juan Luis B., ahora también imputado a sus 37 años. Con 14 ya estaba en la escuela, manteniendo relaciones sexuales con mayores y menores y con el propio Fernando, según la versión de Edith (que admite haberse acostado con él cuando era menor). De mayor pasó a convertirse en uno de los líderes.

Años más tarde, en una familia posterior llegaron, de adolescentes, María José G. P. e Ivonne G., otras dos imputadas que también coincidieron con Edith. Cuando el matrimonio se separó, María José se convirtió en la nueva novia de Fernando Torres Baena. Él las usaba a ambas como cebo ante los chicos; eran las primeras en introducir a los menores en las artes amatorias y prepararles para Fernando, según decenas de declaraciones de víctimas. Una dibujó una pirámide explicando el funcionamiento de la secta: en el vértice está Fernando; abajo, María José e Ivonne; en un tercer peldaño situó a Juan Luis. Todo lo demás era "la plebe". Tanto Juan Luis como María José e Ivonne habían sido, probablemente, "plebe" cuando llegaron a la escuela tiempo atrás.

Todo se destapó el pasado 26 de enero. Una adolescente se atrevió a hablar con un profesor suyo del colegio y con la policía para evitar que el hermano pequeño de una compañera de clase, de nueve años, sufriera los mismos abusos que ella. A partir de aquí se desencadenaron las denuncias. Tres de los imputados (Fernando, su novia María José e Ivonne) están encarcelados. Otros tres, Edith, Juan Luis y José (hermano de María José), han quedado en libertad. Salvo Edith, el resto niega todas las acusaciones. Torres Baena asegura que se trata de un complot organizado por algún club deportivo y que sólo ha tenido relaciones con mayores de edad. En la casa de la urbanización El Edén, en la playa de Vargas, la policía encontró los artilugios sexuales (consoladores, películas pornográficas...) de los que hablaban los denunciantes que formaban parte de la familia actual.

¿Qué les puede pasar a los imputados? Las penas dependerán de cada hecho concreto que quede acreditado y de la edad de los que han sufrido los abusos. Los actos sexuales con menores de 13 años son delito en todo caso. Cuando la víctima es mayor de esa edad, se considera que no hay consentimiento si éste se ha obtenido "prevaliéndose el responsable de una situación de superioridad manifiesta" que coarte su libertad. Las penas se agravan, además, cuando ha habido penetración de algún tipo. El Código Penal recoge también un tipo específico para cuando el abuso se comete con menor de 13 a 16 años que ha consentido mediante engaño. Alguno de los delitos puede haber prescrito.

En la causa se están investigando centenares de presuntos abusos. La policía, en su informe final al juzgado, ha concluido lo siguiente: "Los imputados constituyen un grupo organizado de pederastas (asimilable a una secta, con un líder carismático) que aprovechaban su vinculación e influencia en el mundo del kárate para atraer a los menores y ganarse su confianza y admiración. (...) Fernando Torres Baena es el cabecilla del grupo, llevando décadas realizando estos actos con total impunidad".

 

El fiscal pide hasta 300 años en el mayor proceso de abusos a menores

El escrito de acusación del 'caso Kárate' sostiene que el profesor Torres Baena era un "depredador sexual" que manipuló a sus alumnos durante al menos 15 años

MÓNICA CEBERIO BELAZA - Madrid - 23/11/2011

EL PAIS

Fernando Torres Baena, el profesor y excampeón de España de kárate acusado de abusar durante décadas de sus alumnos y de formar una especie de secta con menores a los que iniciaba sexualmente a edades muy tempranas, ha mantenido su inocencia desde su detención, en febrero de 2010. Asegura que toda la acusación -asentada en el testimonio de las víctimas- está basada en un complot organizado para acabar con su escuela. La fiscalía, sin embargo, acaba de acusarle de ser un "depredador sexual" y de usar "técnicas psicológicas de manipulación tendentes a obtener la sumisión a todos los niveles de aquellos menores hacia los que ha sentido algún tipo de inclinación o apetencia sexual". El ministerio público pide que se le condene a 303 años de cárcel por más de 50 delitos de abusos sexuales, corrupción de menores y tenencia ilícita de armas en un procedimiento que podría convertirse en el mayor caso de pederastia acaecido en España.

El ministerio público pide además, también por delitos de abusos sexuales y corrupción de menores, 154 años de prisión para la pareja de Torres Baena desde 1999, María José González, cinturón negro y monitora de la escuela; 146 para Ivonne González, otra profesora acusada de participar en los abusos que podría haber sido a su vez víctima de Torres Baena cuando era adolescente; y 18 para Juan Luis Benítez, también trabajador del centro. Todos ellos habrían formado parte, según el escrito de acusación del fiscal, de un sistema perfectamente organizado para abusar de los jóvenes alumnos -algunos, niños- que pasaban por la escuela del prestigioso Torres Baena y eran elegidos por el líder. El principal acusado, de 55 años, era cinturón negro 6º Dan, fue presidente de la Federación de Kárate de Gran Canaria y director de I+D de la Federación Española de Kárate.

El fiscal habla de una red de captación que los procesados hacían funcionar como una "tela de araña". María José González (33 años), Ivonne González (31) y José Luis Benítez (38) trabajaban como monitores en distintos centros deportivos. Eran ellos los encargados, según la fiscalía, de hacer la selección de niños y adolescentes guapos y buenos deportistas en los que podría estar interesado Torres Baena. De allí eran derivados al gimnasio que él gestionaba en Las Palmas de Gran Canaria. Pero no todos los menores de la escuela sufrieron abusos. Allí se hacía la selección final de los elegidos para formar parte del grupo de entrenamiento que hacía concentraciones en el chalet de Torres Baena en Playa de Vargas (Agüimes), donde, según la fiscalía, "se desarrollaron durante al menos los últimos 15 años auténticas orgías sexuales donde los menores no solo se debían prestar a cualquier tipo de actividad sexual" con Torres Baena y sus lugartenientes, "sino que eran inducidos a mantener las mismas prácticas con cualesquiera otros de los alumnos menores asistentes, sin distinción de edad, sexo o número de participantes".

El principal acusado lograba gracias a sus técnicas de manipulación, según el escrito de la fiscalía, que los menores "se plegaran a sus deseos lúbricos (...) en los que cabía no solo cualquier tipo de práctica sexual sino que era indiferente su posición tanto como sujeto activo o pasivo y sin importarle el género masculino o femenino de la víctima propiciatoria, ni mucho menos la edad de esta". De hecho, la fiscalía sostiene que Torres Baena se acercaba a propósito a niños de corta edad porque le resultaba "mucho más fácil vencer cualquier tipo de resistencia emocional al plantear sus deseos sexuales como métodos de educación y mejora deportiva".

La gran pregunta sobre este caso ha sido, desde el principio, cómo logró Torres Baena que ninguno de los alumnos que presuntamente han sufrido abusos durante los últimos 15 o 20 años lo relatara a sus familiares o amigos. La fiscalía da su respuesta a este interrogante. "Los cuatro procesados", mantiene el fiscal Pedro Gimeno, "planteaban el establecimiento de relaciones sexuales como método de evolución personal y deportiva, logrando de esta manera vencer las lógicas reticencias culturales y morales de los menores, postulándose como una suerte de 'familia alternativa' en la que el visionado de imágenes pornográficas, el consumo de bebidas alcohólicas y/o derivados cannábicos eran tolerados, proyectando en los menores un esquema de relajación moral que, unido a la habitual rebeldía de los adolescentes y preadolescentes, favorecía la consecución de sus objetivos".

Sobre la personalidad de Torres Baena y cómo lograba doblegar la voluntad de los menores, el fiscal afirma que, "dada su condición de 'héroe o Dios' deportivo y espiritual de todo el colectivo, no dudaba en fomentar sentimientos de culpabilidad y/o fracaso en los diferentes menores cuando estos se negaban a cualquier práctica sexual".

El escrito relata después, uno a uno, los casos en los que alumnos menores de edad han sufrido abusos por parte de alguno -o varios- de los procesados en el gimnasio o en el chalet de Playa de Vargas. Cuando Torres Baena quería que los alumnos tuvieran relaciones entre sí, era él mismo quien elegía a las parejas o grupos -"tríos, cuartetos y hasta quintetos"- y el tiempo de duración del contacto sexual.

Torres Baena fue detenido en febrero de 2010 y lleva en prisión desde entonces junto a María José González e Ivonne González. Juan Luis Benítez está en libertad bajo fianza de 400.000 euros. El titular del Juzgado de Instrucción número 7 de Las Palmas, Miguel Ángel Parramón, dictó el pasado julio auto de procesamiento contra los cuatro inculpados por abusos sexuales cometidos contra 61 alumnos según la relación del juez, que la fiscalía rebaja ahora a 38. En total se ha tomado declaración a 177 alumnos y exalumnos de la escuel para tratar de determinar cómo se prevalía presuntamente Torres Baena de su autoridad para abusar de los menores, pero en algunos supuestos los hechos habrían ya prescrito por el paso del tiempo y en otros la fiscalía ha considerado que no había pruebas suficientemente sólidas para sostener la acusación.

 

El fiscal pide 303 años de cárcel para el principal acusado en el 'caso Kárate'

Fernando Torres Baena, su novia y dos monitores están acusados de abusar sexualmente de más de 60 menores que asistían a las clases de artes marciales que impartían

EFE - Las Palmas - 22/11/2011

La Fiscalía ha solicitado hoy a la Audiencia de Las Palmas de Gran Canaria que condene al principal acusado en el llamado caso Kárate, Fernando Torres Baena, a 303 años de prisión como autor de 36 delitos de abuso sexual, 13 de corrupción de menores y uno de tenencia ilícita de armas.

En esta causa se investiga los abusos sexuales que supuestamente cometieron de forma sistemática el maestro karateca, Torres Baena, su novia María José González Peña y los monitores Ivonne González Herrera y Juan Luis B.C. sobre más de 60 menores que asistían a sus clases de artes marciales en los gimnasios que regentaban.

En un escrito hecho público hoy, el Ministerio Fiscal solicita para González Peña 154 años de cárcel por delitos de abusos sexuales y corrupción de menores, 146 años para González Herrera por los mismos cargos y 18 años para Juan Luis B.C. por abusos sexuales

 Ivonne G H Maria Jose G P

                               COLABORADORAS EN EL CASO DE LA SECTA SEXUAL

 

Así funcionaba la secta sexual del karateca

Fernando Torres Baena corrompió a alumnos en su escuela de kárate, en Gran Canaria, pero no a todos: los buscaba menores (de nueve a 13 años) y físicamente agraciados. Apoyado por sus mujeres, formaba 'familias' que se regían por el lema de "aquí, todos con todos y yo con todos"

MÓNICA CEBERIO BELAZA21/03/2010

EL PAIS

 

En la escuela de kárate de Fernando Torres Baena no se corrompía a todos los alumnos. Sólo a los elegidos. El director los seleccionaba en función de su belleza y aptitudes físicas . Los preferidos pasaban a formar parte de su "familia", que él controlaba de forma autoritaria dirigiendo cada uno de los actos de sus miembros. A lo largo de más de 30 años de trayectoria profesional creó varias. Eran familias perecederas. Cuando los alumnos crecían, salvo que pasaran a formar parte de la cadena de mando, eran reemplazados por chicos más jóvenes. La maquinaria de manipulación volvía entonces a empezar. Los testigos y víctimas que han declarado en el proceso judicial del caso del kárate coinciden en su versión de lo que ocurría dentro de esta secta sexual y deportiva en Gran Canaria. Muchos de ellos ni se conocen entre sí porque pertenecieron a diferentes grupos. A algunos les separan 25 años de diferencia. Sólo una persona ha estado en todos ellos: el propio Torres Baena, de 53 años, autoerigido como pater familias absoluto, el líder.

Los que no eran elegidos como miembros de la familia veían una escuela de kárate normal. Lo único visible para todos era que alumnos y monitores se mostraban muy cariñosos entre sí y que el saludo habitual era un beso en la boca. Pero sólo los preferidos llegaban a conocer el trasunto oscuro del gimnasio. "Sólo se interesaba por los que eran físicamente agraciados tanto de cara como de cuerpo, especialmente entre los nueve y los 13 años, que es cuando comienzan a competir", asegura uno de los denunciantes. Dejaba de lado a los menos agraciados, aunque si tenían cualidades podían participar en los campeonatos.

El karateca invitaba a sus niños a su casa de la playa de Vargas, en Agüimes . Iban allí en vacaciones y los fines de semana con la excusa de hacer entrenamientos intensivos. Pero no sólo se entrenaba. Los chicos limpiaban la casa por dentro, arreglaban el jardín, iban a la playa juntos..., como si efectivamente fueran una gran familia que trabajaba unida en todas las labores del hogar. Era parte del entrenamiento, como el sexo, que pedía a los alumnos porque la familia "tenía que conocerse en todos sus aspectos" y porque de esta forma se potenciaba "todo lo que conlleva la vida deportiva y el kárate". Lo que había de fondo, según él les explicaba, era "amor". Y disciplina. Él lo controlaba todo: hacía cuadrantes ordenando quién debía acostarse con quién cada noche. La regla general, según un menor, era ésta: "Aquí todos con todos y yo con todos". El que se abstenía, era reprendido.

No se ejercía violencia física sobre los menores, según desvela un sumario judicial en

el que aparecen declaraciones de 55 presuntas víctimas. Los niños iban asimilando poco a poco el estilo de vida que a Torres Baena le gustaba; les convencía de que el sexo era algo "normal". Las relaciones con los niños no eran "forzadas de forma explícita", según explicó al juez de Las Palmas que lleva el caso una mujer que ahora está en la treintena y que a los 13, recién llegada a la escuela, recibió la buena noticia de que "formaría parte de la pequeña familia de elegidos". Dice que no puede explicar muy bien cómo funcionaba el mecanismo de control, pero que "había una manipulación por parte de Fernando" en la que todos caían.

Otra mujer de esa época, de esa familia ya antigua, explicó al juez cómo Torres Baena iba introduciendo a los chicos en su filosofía vital. Les decía que la relación de pareja que tenían sus padres no era "lo que se llevaba", que era de "desfasados" y que "no podían estar cerrados porque les iba a apartar de muchas cosas". Alababa sus habilidades deportivas y les hacía promesas sobre su futuro en el kárate. "Le gustan sobre todo los niños más pequeños, entre los nueve y los 13 años", relata uno de los denunciantes. "Es cuando empiezan a competir y puede engatusarlos".

Los preferidos recibían un "seguimiento especial", y el profesor les ponía ejemplos de deportistas que habían triunfado gracias a que le habían hecho caso en todo. Por el contrario, los que no obedecían fracasaban. Con niños en edades muy influenciables y con ganas de triunfar, solía funcionar. Si se negaban a hacer algo, aparecía el chantaje emocional: les convencía de que eran ingratos con quien les estaba dando todo y que le "destrozaban" con su actitud rebelde.

A una chica le dijo que la vida que llevaban en la playa de Vargas era "totalmente diferente a la exterior", que eran todos "una familia" y que debían luchar "por lo que allí se podía conseguir". "Fernando tiene poder de persuasión y capacidad de controlarte psicológicamente, y desde que nota que empiezas a dudar y a flaquear comienza a hablar y finalmente a convencerte para que vayas a su redil de nuevo", declaró esta joven ante el juez y la policía. "No sabía cómo salir de todo esto".

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Ésa era la parte más suave de la manipulación. Había otra más agresiva. Torres Baena tenía poder. En los últimos tiempos era el presidente de la Federación Gran Canaria de Kárate y director de I+D de la federación española. Los alumnos sabían, y así lo dejaba claro él, que si se ponían en su contra no iban a ser admitidos en ningún gimnasio y no podrían hacer nada en ese mundo. Un alumno le atribuye esta frase: "Si quieres marcharte, márchate, pero ya puedes ir olvidándote del kárate".

Una de las chicas que ha declarado, de casi 30 años, acabó aterrorizada por Fernando. Empezó a tener una relación con alguien ajeno al grupo y tuvo verdaderos problemas porque "eso no se podía consentir". Una de las formas de lograr el control era precisamente aislar a los menores; alejarlos de sus familias reales y de sus amigos de forma que, en un momento dado, todo lo que eran se lo debían a Fernando y al grupo de la playa de Vargas.

"Cualquiera que quisiera salirse de lo establecido por él tenía bronca asegurada", declaró la mujer. A ella le amenazó con echarla del club; le dijo que le haría la vida imposible, que él se encargaría de que no volviese a competir jamás. La karateca rebelde se envalentonó y le dijo que le contaría todo a la policía. Él, según su relato, respondió que "llevaba haciendo el mismo tipo de vida desde hacía 35 años" y que siempre "había hecho lo que había querido".

Las broncas, al parecer, eran todo lo largas que fuera necesario para doblegar la voluntad de los menores. Podían durar hasta tres o cuatro horas. "Sabe cómo hacer

daño cuando no le obedecen", asegura una joven. "Es manipulador y no tiene escrúpulos", afirma otra. "Se interesaba por la vida personal de los chicos como si tratara de averiguar el punto flaco de cada uno", corrobora un alumno.

La historia de sus familias ficticias viene de tiempo atrás. Se casó con su primera mujer, Edith, cuando ella tenía apenas 16 años. Él tenía 24. Un año antes, en 1979, se había proclamado campeón de España de kárate en la modalidad kumité. En 1981 fundó su escuela e inició a su mujer en la práctica del sexo con otras parejas, hombres y mujeres. Mientras tanto tuvieron una primera hija.

Torres Baena formó en esa época una primera familia con alumnos de su escuela, de 13 y 14 años, a los que llevaba a la playa de Vargas. Edith, separada desde el año 1994 de Fernando, ha reconocido ante el juez los abusos durante esa primera época, en los que ella también participó porque sucedían "dentro de una forma de vida a la que le había entrenado Fernando". Su marido le explicaba que no podía ser feliz "sin montar la familia que quería", afirma la mujer. Uno de los menores que visitaban la playa de Vargas se hizo novio de su hija mayor.

Edith dice que está segura de que Fernando no ha tenido relaciones con sus propios hijos (tres), ni los ha involucrado en sesiones de sexo en grupo, lo que contradice las declaraciones de muchos denunciantes. Los tres hijos de la pareja también lo han negado.

Uno de los chicos que empezó a aparecer por la playa de Vargas fue Juan Luis B., ahora también imputado a sus 37 años. Con 14 ya estaba en la escuela, manteniendo relaciones sexuales con mayores y menores y con el propio Fernando, según la versión de Edith (que admite haberse acostado con él cuando era menor). De mayor pasó a convertirse en uno de los líderes.

Años más tarde, en una familia posterior llegaron, de adolescentes, María José G. P. e Ivonne G., otras dos imputadas que también coincidieron con Edith. Cuando el matrimonio se separó, María José se convirtió en la nueva novia de Fernando Torres Baena. Él las usaba a ambas como cebo ante los chicos; eran las primeras en introducir a los menores en las artes amatorias y prepararles para Fernando, según decenas de declaraciones de víctimas. Una dibujó una pirámide explicando el funcionamiento de la secta: en el vértice está Fernando; abajo, María José e Ivonne; en un tercer peldaño situó a Juan Luis. Todo lo demás era "la plebe". Tanto Juan Luis como María José e Ivonne habían sido, probablemente, "plebe" cuando llegaron a la escuela tiempo atrás.

Todo se destapó el pasado 26 de enero. Una adolescente se atrevió a hablar con un profesor suyo del colegio y con la policía para evitar que el hermano pequeño de una compañera de clase, de nueve años, sufriera los mismos abusos que ella. A partir de aquí se desencadenaron las denuncias. Tres de los imputados (Fernando, su novia María José e Ivonne) están encarcelados. Otros tres, Edith, Juan Luis y José (hermano de María José), han quedado en libertad. Salvo Edith, el resto niega todas las acusaciones. Torres Baena asegura que se trata de un complot organizado por algún club deportivo y que sólo ha tenido relaciones con mayores de edad. En la casa de la urbanización El Edén, en la playa de Vargas, la policía encontró los artilugios sexuales (consoladores, películas pornográficas...) de los que hablaban los denunciantes que formaban parte de la familia actual.

¿Qué les puede pasar a los imputados? Las penas dependerán de cada hecho concreto que quede acreditado y de la edad de los que han sufrido los abusos. Los actos sexuales

con menores de 13 años son delito en todo caso. Cuando la víctima es mayor de esa edad, se considera que no hay consentimiento si éste se ha obtenido "prevaliéndose el responsable de una situación de superioridad manifiesta" que coarte su libertad. Las penas se agravan, además, cuando ha habido penetración de algún tipo. El Código Penal recoge también un tipo específico para cuando el abuso se comete con menor de 13 a 16 años que ha consentido mediante engaño. Alguno de los delitos puede haber prescrito.

En la causa se están investigando centenares de presuntos abusos. La policía, en su informe final al juzgado, ha concluido lo siguiente: "Los imputados constituyen un grupo organizado de pederastas (asimilable a una secta, con un líder carismático) que aprovechaban su vinculación e influencia en el mundo del kárate para atraer a los menores y ganarse su confianza y admiración. (...) Fernando Torres Baena es el cabecilla del grupo, llevando décadas realizando estos actos con total impunidad".

 

El fiscal pide hasta 300 años en el mayor proceso de abusos a menores

El escrito de acusación del 'caso Kárate' sostiene que el profesor Torres Baena era un "depredador sexual" que manipuló a sus alumnos durante al menos 15 años

MÓNICA CEBERIO BELAZA- Madrid - 23/11/2011

EL PAIS

Fernando Torres Baena, el profesor y excampeón de España de kárate acusado de abusar durante décadas de sus alumnos y de formar una especie de secta con menores a los que iniciaba sexualmente a edades muy tempranas, ha mantenido su inocencia desde su detención, en febrero de 2010. Asegura que toda la acusación -asentada en el testimonio de las víctimas- está basada en un complot organizado para acabar con su escuela. La fiscalía, sin embargo, acaba de acusarle de ser un "depredador sexual" y de usar "técnicas psicológicas de manipulación tendentes a obtener la sumisión a todos los niveles de aquellos menores hacia los que ha sentido algún tipo de inclinación o apetencia sexual". El ministerio público pide que se le condene a 303 años de cárcel por más de 50 delitos de abusos sexuales, corrupción de menores y tenencia ilícita de armas en un procedimiento que podría convertirse en el mayor caso de pederastia acaecido en España.

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                                                ESTE ES EL LUGAR DE LOS HECHOS.

El ministerio público pide además, también por delitos de abusos sexuales y corrupción de menores, 154 años de prisión para la pareja de Torres Baena desde 1999, María José González, cinturón negro y monitora de la escuela; 146 para Ivonne González, otra profesora acusada de participar en los abusos que podría haber sido a su vez víctima de Torres Baena cuando era adolescente; y 18 para Juan Luis Benítez, también trabajador del centro. Todos ellos habrían formado parte, según el escrito de acusación del fiscal, de un sistema perfectamente organizado para abusar de los jóvenes alumnos -algunos, niños- que pasaban por la escuela del prestigioso Torres Baena y eran elegidos por el líder. El principal acusado, de 55 años, era cinturón negro 6º Dan, fue presidente de la Federación de Kárate de Gran Canaria y director de I+D de la Federación Española de Kárate.

El fiscal habla de una red de captación que los procesados hacían funcionar como una "tela de araña". María José González (33 años), Ivonne

González (31) y José Luis Benítez (38) trabajaban como monitores en distintos centros deportivos. Eran ellos los encargados, según la fiscalía, de hacer la selección de niños y adolescentes guapos y buenos deportistas en los que podría estar interesado Torres Baena. De allí eran derivados al gimnasio que él gestionaba en Las Palmas de Gran Canaria. Pero no todos los menores de la escuela sufrieron abusos. Allí se hacía la selección final de los elegidos para formar parte del grupo de entrenamiento que hacía concentraciones en el chalet de Torres Baena en Playa de Vargas (Agüimes), donde, según la fiscalía, "se desarrollaron durante al menos los últimos 15 años auténticas orgías sexuales donde los menores no solo se debían prestar a cualquier tipo de actividad sexual" con Torres Baena y sus lugartenientes, "sino que eran inducidos a mantener las mismas prácticas con cualesquiera otros de los alumnos menores asistentes, sin distinción de edad, sexo o número de participantes".

El principal acusado lograba gracias a sus técnicas de manipulación, según el escrito de la fiscalía, que los menores "se plegaran a sus deseos lúbricos (...) en los que cabía no solo cualquier tipo de práctica sexual sino que era indiferente su posición tanto como sujeto activo o pasivo y sin importarle el género masculino o femenino de la víctima propiciatoria, ni mucho menos la edad de esta". De hecho, la fiscalía sostiene que Torres Baena se acercaba a propósito a niños de corta edad porque le resultaba "mucho más fácil vencer cualquier tipo de resistencia emocional al plantear sus deseos sexuales como métodos de educación y mejora deportiva".

La gran pregunta sobre este caso ha sido, desde el principio, cómo logró Torres Baena que ninguno de los alumnos que presuntamente han sufrido abusos durante los últimos 15 o 20 años lo relatara a sus familiares o amigos. La fiscalía da su respuesta a este interrogante. "Los cuatro procesados", mantiene el fiscal Pedro Gimeno, "planteaban el establecimiento de relaciones sexuales como método de evolución personal y deportiva, logrando de esta manera vencer las lógicas reticencias culturales y morales de los menores, postulándose como una suerte de 'familia alternativa' en la que el visionado de imágenes pornográficas, el consumo de bebidas alcohólicas y/o derivados cannábicos eran tolerados, proyectando en los menores un esquema de relajación moral que, unido a la habitual rebeldía de los adolescentes y preadolescentes, favorecía la consecución de sus objetivos".

Sobre la personalidad de Torres Baena y cómo lograba doblegar la voluntad de los menores, el fiscal afirma que, "dada su condición de 'héroe o Dios' deportivo y espiritual de todo el colectivo, no dudaba en fomentar sentimientos de culpabilidad y/o fracaso en los diferentes menores cuando estos se negaban a cualquier práctica sexual".

El escrito relata después, uno a uno, los casos en los que alumnos menores de edad han sufrido abusos por parte de alguno -o varios- de los procesados en el gimnasio o en el chalet de Playa de Vargas. Cuando Torres Baena quería que los alumnos tuvieran relaciones entre sí, era él mismo quien elegía a las parejas o grupos -"tríos, cuartetos y hasta quintetos"- y el tiempo de duración del contacto sexual.

Torres Baena fue detenido en febrero de 2010 y lleva en prisión desde entonces junto a María José González e Ivonne González. Juan Luis Benítez está en libertad bajo fianza de 400.000 euros. El titular del Juzgado de Instrucción número 7 de Las Palmas, Miguel Ángel Parramón, dictó el pasado julio auto de procesamiento contra los cuatro inculpados por abusos sexuales cometidos contra 61 alumnos según la relación del juez, que la fiscalía rebaja ahora a 38. En total se ha tomado declaración a 177 alumnos y exalumnos de la escuel para tratar de determinar cómo se prevalía presuntamente Torres Baena de su autoridad para abusar de los menores, pero en algunos supuestos los hechos habrían ya prescrito por el paso del tiempo y en otros la fiscalía ha considerado que no había pruebas suficientemente sólidas para sostener la acusación

 

 

guillermo 05/18/2012 19:33

Aqui veo mucho vicio me parece ami. A la hoguera con todos.

Canary Islands 04/04/2012 17:10

Muy bien trabajo chicos!!
ME gustaría que ustedes miraís también nuestra página:
http://www.ilikecanaryislands.com

Un saludo desde Tenerife :*

Hoteles Malaga 11/28/2011 16:25

Esto lo estuve viendo en las noticias y la verdad, te quedas bastante sorprendido de el tipo de gente que existe.

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